viernes, 27 de agosto de 2010

Para Martín: Que viva la música!!!!

Liliana Crociati

Liliana era hija de un conocido peinador, escultor y poeta italiano en la Buenos Aires de la década del 60 egresó de la escuela de Bellas Artes, contrajo matrimonio a los veinticinco años y fue con su esposo a pasar su luna de miel a Insbruch en Austria. Allí se hospedaron en un hotel al pié de la montaña en donde funcionaba un centro de sky del cual los novios planeaban disfrutar durante su viaje de bodas.
La misma noche de su llegada al hotel, el 26 de febrero de 1970, mientras su esposo estaba en el baño, Liliana ya descansaba cerca de una ventana que daba a la montaña justo en el momento en que un alud se precipitó sobre ella sin darle tiempo a escapar, el alud afectó toda esa parte del hotel y a Liliana la tapó por completo asfixiándola hasta matarla, sin que ella pudiera moverse, enredada en sus vestidos, la nieve la cubrió de muerte.
Esa misma noche, en Buenos Aires moría su perrito Sabú quien supo ser su compañero durante su vida en la ciudad y sus años de estudiante.

En el Cementerio de La Recoleta existe una tumba realizada completamente en madera y vidrio, materiales que la propia Liliana Crociati prefería para sus obras, no hay piedra en su tumba ni flores muertas, por el contrario, en el interior se representa al cuarto que Liliana tuviera en vida, su féretro está cubierto con un tsarí rojo que ella había comprado en un viaje a La India y en las paredes cuelgan pinturas de sus amigos de Bellas Artes en donde está preciosa, con su pelo colorado y sus ojos azules.

En su arquitectura la bóveda tiene un estilo neogótico con ventanas ojivales de arco muy pronunciado y en el interior un piso de mayólicas españolas de exquisito gusto.
Pero la escultura que recibe a los visitantes de esta bóv
eda es sublime, el escultor Wilfredo Viladrich la representó en bronce con su perro Sabú, vistiendo su traje de novia, su anillo de casada, con el pelo suelto con su mano acariciando a Sabú, quien está un paso más adelante que ella, como protegiéndola aún después de la muerte.

Completa esta tumba un poema tallado en mármol, poema que escribió su padre en medio de su desconsuelo

A Mia Figlia

Solo mi chiedo il perché? Tu sei partita e distrutto hai lasciato il mio cuore.? Che te solamente voleva perché?? Perché? Solo il destino sa il perché e mi domando perché? Perché non si puo stare senza te, perché?? Tanto bella eriche la natura envidiosa ti distrusse, perché?? Perché, solo mi domando se dio c'e, con se porta viacio che suo non é.? Perché si distrugge e lascia all infinito il dolore! Perché, credo al destino e non a te perché?? Perché solo so che sempre sogno con te, perché c'e di ché?? Per tutto l'amore che sente il mio cuore per té. Perché? Perché? Il tuo papá.

A mi hija: Sólo me pregunto por qué te has ido y has dejado destrozado mi corazón. Que solo te quería por qué? Por qué? Solo el destino sabe el por qué y me pregunto por qué? Por qué no se puede estar sin ti, por qué? Tan linda eras que la naturaleza, envidiosa, te destruyó, por qué? Por qué, solo me pregunto si hay dios, se lleva lo que no es suyo. Por qué destroza y deja hasta el infinito el dolor! Porqué, creo al destino y no a ti, por qué? Por qué solo se que siempre sueño contigo, por qué hay de qué? Por todo el amor que siente mi corazón por ti. Por qué? Por qué? Tu papá...


El Cementerio de la Recoleta convierte en arte a historias de tristeza y fatalismo, transforma en belleza y en luz a la muerte a quien pensamos oscura. Llena de historias de amor a la ciudad de Buenos Aires, yo vivo deleitada con él.



viernes, 20 de agosto de 2010

Te extraño Blog... hoy salió el sol asique publico muchas cositas!!!

miércoles, 11 de agosto de 2010

lunes, 9 de agosto de 2010

Con la mirada triste....

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Alfonsina Storni